La velocidad de obturación

¡Buenas de nuevo! Como ya indiqué en la última minientrada, he estado unos días fuera, y después he tenido la vuelta al trabajo. Volver a empezar con la vida «normal» ha sido bastante duro y me ha podido mucho la pereza. Pero bueno, aquí estamos de nuevo, con la entrada que tenía preparada para hablar de la velocidad de obturación.

Lo primero de todo ¿qué es el obturador? La wikipedia lo define así:

El obturador es el dispositivo que controla el tiempo durante el que llega la luz al dispositivo fotosensible

Aunque hay varios tipos de obturadores (este artículo de xatakafoto lo explica muy bien) el más utilizado es el de plano focal. ¿En qué consiste? En dos laminas delante del sensor que se abren y cierran, dejando pasar la luz por un instante. Y ese instante, en los modos manual o con prioridad de tiempo de apertura lo definimos nosotros.

¿Para qué nos sirve?

Dicho de manera rápida, para decidir cuanta luz entra en el objetivo. Ya sabemos que la fotografía consiste en pintar con luz ¿no? Y hemos aprendido, al menos por encima, a determinar cuanta luz entra en el sensor a través de la apertura de diafragma (que a su vez influye en la profundidad de campo). Pero a veces podemos necesitar que «entre» más luz en el sensor. Ya sea por que hay poca luz, o porque queramos hacer algún efecto. O, por el contrario, hay demasiada luz y necesitamos reducir el tiempo de exposición para que la foto no nos salga quemada.

¿Qué es el tiempo de exposición entonces?

Es el tiempo que dejamos el obturador abierto para que pase la luz al sensor. Las cámaras réflex así como algunas aplicaciones para smartphones permiten controlar cuanto tiempo lo mantendremos abierto.

Os voy a mostrar dos ejemplos:

Toma de la fuenlabreña fuente de las escaleras, a una velocidad de obturación de 1/4000, y una apertura de 1,8. Como pillaba la puesta de sol tuve que subir la iso considerablemente para poder sacar una foto donde se apreciara (un poco malamente) el efecto de gota congelada.
Toma de la fuenlabreña fuente de las escaleras, a una velocidad de obturación de 1/4000, y una apertura de 1,8. Como pillaba la puesta de sol tuve que subir la iso considerablemente para poder sacar una foto donde se apreciara (un poco malamente) el efecto de gota congelada.
Segunda captura de la Fuente de las Escaleras, esta vez con una velocidad de obturación de 10", f/22, iso 100.
Segunda captura de la Fuente de las Escaleras, esta vez con una velocidad de obturación de 10″, f/22, iso 100.

¿Ves las diferencias? En la primera toma, aunque el ejemplo que he puesto no es que sea para tirar cohetes, se ve el agua que cae más definida, con su forma, sus gotas… Mientras que en el segundo, que he hecho una toma de 10 segundos, se ve el efecto «sedoso» de la caída del agua (y se aprecia la luz de algún coche que ha pasado).

Dependiendo de la situación, como he indicado antes, podremos optar por el tiempo que queramos. Si bien es cierto que velocidades largas de exposición requieren de un trípode, pues el más mínimo movimiento hará que la foto nos salga trepidada. También sería recomendable un disparador remoto (o poner el temporizador de la cámara).

Igualmente la foto de cabecera la hice en larga exposición, con la función BULB (es decir, dejando el tiempo que yo quiera pulsado el disparador, a través de un disparador remoto).

Así que ahora te toca probar, viendo como puedes dejar congelado algo o alguien… O dejar su estela.

Espero que te haya gustado esta entrada. Si tienes alguna duda, ya sabes, dejame un comentario, por aquí o cualquiera de las redes sociales donde estoy.

¡Nos vemos!

¡Valora este artículo!
[Total:0    Promedio:0/5]

Autor: Rubén Herrera

Formador de informática. Amante de la música y la fotografía.

Un comentario en “La velocidad de obturación”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *